Bodas de Oro de Hnas. Beatriz María y Ma. Olga Pighin

Viernes, 23 Diciembre, 2016 - 23:45

50 años de Vida Consagrada, 50 años de entrega silenciosa y generosa a Dios por medio del servicio a los hermanos, son acontecimientos que no se viven muy frecuentemente, por eso hay que celebrarlo y festejarlo.

Hnas. Beatriz Maria y María Olga, hermanas de sangre,  ingresaron casi juntas a la congregación, e hicieron sus primeros votos el 21 de noviembre de 1966. Hoy 50 años después de su primer Si, quisieron celebrarlo y renovarlo,  rodeandose de la gente que fue y es testigo de esta entrega, y como dicen ellas mismas, de la Fidelidad del Señor que sostiene esa entrega.

Por tal motivo lo festejaron el día 20 de noviembre, fiesta de Cristo Rey en la Casa "Ntra. Sra. de Fátima",Rosario, Argentina, donde se encuentra actualmente viviendo Hna. Ma. Olga y el 3 de diciembre celebraron esta Acción de Gracias, en Salto Uruguay, donde ejerce su apostolado, especialmente en el servicio de la cocina, Hna. Beatriz María.

La Eucaristía fue concelebrada por los sacerdotes cooperadores. Vino gente de Concordia, San Salvador, Chajarí, Rosario (Argentina) y de Salto (Uruguay). Seguidamente fue el compartir la cena, y no podía faltar como es de suponer la torta del aniversario.Todo vivido en un clima muy familiar y fraterno. 

Les compartimos el testimonio de Hna. Beatriz María

"Gracias por la fidelidad del Señor en primer lugar, y a todos los que de una manera u otra, me ayudaron con sus palabras y sus ejemplos. Sobre todo a mis hermanos y mis hermanas de congregación, y como no mencionar a la que fue mi maestra de Novicias, Hna. Ma. Amparo.

Agradecimiento profundo a mis padres, que con sufrimientos (mi madre enferma), 11 hermanos y muy pobres, supieron con una fe muy grande, transmitírnosla, y nos enseñaron a rezar, amar a Jesus y a la Virgen y amarnos entre nosotros. Descubrí  en la pobreza, cómo el Señor siempre nos cuida con su  providencia, y hoy lo sigo viendo en la congregación.

Mis padres fueron generosos, Dios no podría ser menos. Mi padre repetía: “la familia que reza unida permanece unida”. Rezábamos todos el rosario, además de las oraciones de la mañana y de la noche. A los 10 años nos independizábamos para las oraciones. En la noche nos divertíamos, reíamos y de repente escuchábamos la voz de mi papá, “miren que se acuestan, pero no saben si se van a levantar”. No nos dormíamos sin pedirle perdón al Señor.

A mi papá, lo conocí leyendo la biblia cada día, el día que aprendí a leer, fui a mirar, y no entendí nada. Me dije “¿Qué encontrará?”, pero no hace mucho con mis hermanos, decíamos “De aquí sacaba las luces y las fuerzas, para él y para educarnos”.  Cuando falleció, su patrón estaba presente (trabajó en una carpintería), me dijo tantas cosas hermosas. La que más recuerdo es que no conocía hombre más honrado que él. También cuando falleció, vimos el libro del Ejercitante que él tenía, y encontramos una hoja, donde estaba la oración “del padre para con sus hijos consagrados”, esa hoja estaba muy gastada, por tanto uso, había que creer que oraba por nosotras.

Paso a mi historia…

Hasta los 14 años viví en Calchaquí, Santa FE (Argentina) donde nací. Fui aspirante de Acción Católica, me gozaba colaborando en las fiestas patronales. Ya en ese momento admiraba a las religiosas, pero me decía a mi misma, eso no era para mí “Había que nacer Santa”.

Pasaron los años, ya viviendo en el campo, en la zona de Carcarañá (Argentina), las fiestas, noviazgo, todo me dejaba un vacío muy grande. Leía mucho, rezaba, añoraba tener la parroquia cerca. Me atraía la presencia de la Eucarística. Este tiempo de búsqueda de algo más, lo viví con mucho sufrimiento. Pensé en ver 2 congregaciones y cuando estaba en esto aparecieron las Cooperatrices y los Cooperadores en Carcarañá, para una campaña de Ejercicios. Participaron 100 hombres, en 3 turnos de retiros de 5 días. Mi hermano acompañaba a un hermano Cooperador para hacer las invitaciones. 

Recuerdo que un día, nos contaba lo que hacían con el hermano. Interiormente sentí con certeza “Esto es mío” y sucedió lo inesperado, al terminar esta campaña, se hizo un retiro para chicas, y aquí durante el primer día con el Principio y Fundamento, estaba decidida mi elección, fue una estallido de alegría tan grande por haber descubierto lo que anhelaba, que salía al campo a caballo, alabando a Dios

En estos 50 años, podría decir muchas cosas, pero me quedo con 2:

1) Respecto de nuestro carisma: la evangelización del hombre: una vez, siendo muy chica, vi a aun hombre de rodillas rezando, y aún tengo la imagen, y pienso que se debe a que veo las parroquias que muchas veces están vacías. Dios me preparaba para entregar mi vida al Señor por ellos. Sí ,he visto maravillas. Vienen a ejercicios, como dicen ellos “con la mochila cargada”, y se van trasformados, felices. CREO QUE NO HAY FELICIDAD MÁS GRANDE PARA UN CORAZON CONSAGRADO.

2) El servicio: mi  ingreso al noviciado, fue aquí en Salto, viví 10 Años, y luego 28 años,  en nuestra casa de Fátima, Rosario (Argentina). 8 años estuve en la misión y 20 en la atención de la cocina de la Casa de Ejercicios, con personal. No fue fácil al principio, pero pude experimentar, cómo el Señor, no sólo estaba presente sino que se adelantaba a los acontecimientos. Y un día me sentí tan, pero tan feliz, que le dije al Señor “Si yo tengo que dejar esto, por favor, que siga siendo feliz. “. A esto se dio un desgarro en el hombro, me mandaron a Salto, para la recuperación. Estando aquí, recibimos la visita de la Madre General, y me dice “me parece Beatriz, que conviene que te quedes acá” Dios no se deja ganar, asumí esto SI, con mucha alegría.

Estando en el servicio, muchas veces traía a mi mente esto: “los hombres se sacrifican buscando la felicidad en cosas que no llenan el corazón, y en el servicio humilde a los hermanos la encontramos, en el lugar que estemos. Muchas veces me dije “Esto jamás lo cambiaría por todo el oro del mundo: SERVIR A  JESUS EN LOS HERMANOS”

Por todo esto quiero darle gracias a Dios, por su fidelidad y misericordia, que sostuvieron y sostienen mi entrega, durante estos 50 años de vida consagrada."

Hna Beatriz María Pighin

Cooperatriz Parroquial de Cristo Rey