Reflexiones sobre la Familia hoy

El Señor en la creación quiere que todos los seres humanos nazcan y crezcan en una familia, él instituyó esa forma desde el comienzo mismo del ser humano. Así como nosotros fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, la familia es una creación de Dios a imagen y semejanza de la Divina Trinidad , que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la familia se da la perfecta semejanza con Dios mismo, la familia que es padre, madre e hijos. La Familia hoy está en riesgo y tengamos presente que ella subsistirá sólo si Dios está en ella, si permitimos con humildad que Él nos oriente, aliente y alimente. Si le damos la espalda, si nos sentimos autosuficiente y no lo dejamos actuar en nosotros, nada bueno será duradero y la debacle de la familia y de la sociedad toda, está a la vuelta de la esquina y ahí nos preguntaremos, ¿Qué nos ha pasado? ¿Qué hicimos mal?

De los vínculos humanos creados por Dios, la amistad es el más importante después del vínculo de familia, ya Jesús nos dice en Jn 15, 13-15 “no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos,  vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre.”. Jesús eleva la relación de amistad a una de las más sublimes relaciones humanas, pero para que exista una amistad, debe mediar tiempo y determinadas condiciones, acciones e interacciones de las personas. Entre los integrantes de una familia no es necesario tiempo ni acciones para que se amen,  las personas valen y  son reconocidas, valoradas y amadas por el solo hecho de ser, sin importar condición física, mental o capacidad de aportar o no al bien común de la familia. Los padres aman a sus hijos desde el momento mismo que conocen su existencia en el vientre de la madre, y un hijo (normalmente) amará a sus padres y a sus hermanos naturalmente, por encima de hechos y divergencias circunstanciales, eso es propio de la familia. Esto se da en la inmensa mayoría de los casos, por supuesto que existen distorsiones, pero estas no le resta valor ni sentido a la familia como creación divina. Toda familia comienza con un matrimonio, allí se logra el milagro de que dos personas, un hombre y una mujer,  se vuelven “una sola carne”, pero siguen siendo dos personas, quizás una forma en que el Señor nos permite parecernos a la Trinidad. Un matrimonio pasa a ser familia desde la procreación, es desde ese don que Dios nos hace copartícipes de su Creación, ¡menuda responsabilidad!  Desde el milagro de ser una sola carne al de ser ¡creadores de vida! Todo esto nos permite ver y entender el hecho de que la familia está hecha a imagen y semejanza de la Divina y Santísima Trinidad, no podemos tener en nuestra dimensión humana nada más cercano a ella.

Entonces cuando hablamos de familia, un padre, una madre y sus hijos, estamos hablando del concepto más ancestral y primario, que ha sido la base de todas las sociedades humanas desde el principio de los tiempos, donde se nutren las futuras generaciones, donde se logra la defensa de la persona y la subsistencia de valores y costumbres que permiten la continuidad y que perdure la especie humana. Que sea creación de Dios y a semejanza de la propia Divina Trinidad es algo que a veces nos cuesta entender y muchas veces nos olvidamos y no valoramos como debe ser. Si entendemos esto y lo hacemos presente en cada instante de nuestra vida, si nos damos cuenta que somos depositarios del tesoro más grande de Dios, primero con nuestro cuerpo, como templo;  nuestro ser, como imagen y semejanza divina, pero también la familia como imagen y semejanza del Divina Trinidad, no podemos menos que cuidarla, defenderla y difundirla para bien de todo el mundo. Pero nosotros dudamos muchas veces, o no somos totalmente conscientes de esto.

Pero hay alguien que nunca dudó, no duda y lo tiene muy claro y presente, porque que además sabe que la existencia de la familia es el paso fundamental para la salvación de la especie humana. Él lo tiene más claro que nosotros, pero con la diferencia que él no quiere nuestra salvación, porque él es el ángel caído, satanás, el demonio (como quieran llamarlo) y está permanentemente atacando y socavando la familia. Históricamente ha sido así, pero hoy se da una situación muy crítica, ya que en el mundo impera un relativismo donde todo da igual, nos quieren hacer perder así nuestros valores y todo esto está muy bien y sutilmente orquestado. Por ejemplo comienzan por alterarnos el idioma, a cambiar el significado de las palabras hacia conceptos difusos. El matrimonio que desde siempre fue la unión entre un hombre y una mujer, hoy en muchos países ya no está tan claro, ya que se ha legalizado la unión entre personas del mismo sexo ¡dándole estatus de matrimonio! La familia que como célula fundante de la sociedad está formada por padre, madre e hijos, hoy se dice todo es familia, llegando al extremo que hasta el perro, el gato y el loro “son familia”, ¡por favor! Por mucho que pueda querer a un animal (y créanme que los quiero mucho) ¡nunca será mi familia! Así vamos distorsionando las  cosas que históricamente se tenían claras y hoy necesitamos andar explicando para que se nos entienda. Esto que puede parecer nimio, sin importancia, no lo es. Las familias que hasta dos o tres generaciones atrás eran numerosas, con proles importantes, hoy se reducen a uno o dos hijos debido a los adelantos de la ciencia en anticoncepción, el aborto y la mentalidad consumista de la sociedad moderna, donde todo se calcula en función del dinero, ¡hasta los hijos! Prefiero tener un auto nuevo o poder hacer un viaje ¡a tener un hijo! Y ahí también radica una fragilidad estructural de la familia moderna, la escasa descendencia.

El maligno conoce todo esto y se basa principalmente en grupos humanos con ideologías como el feminismo, o movimientos de homosexuales, en fin la IDEOLOGÍA DE GÉNERO para penetrar en los centros de poder; desde  medios de comunicación, (TV, Cine, Radios, diarios), hasta gobierno de países donde se crean leyes en contra de la familia (Divorcio, aborto, “matrimonio igualitario” y la adopción de niños por estos, etc.). También penetran y dominan organismos internacionales que dictan normas de una aparente verdad irrefutable como la ONU, Unicef, OMS, etc. y desde allí se está montando un Supra Gobierno Mundial. Desde esos diferentes lugares se están metiendo en nuestras vidas de diferentes formas, pero principalmente a través de los sectores más vulnerables, como lo es la educación de nuestros hijos, sobre todo en las edades más tempranas, comenzando ya por los preescolares. Una forma es mediante una “educación sexual” totalmente orientada a fomentar prácticas desordenadas, pero sutilmente presentadas, que si un padre no está advertido y muy, pero muy atento, no se da cuenta. Otra forma es por los medios, especialmente la TV, pero también por internet. Hoy hay mucho material en la Web, también libros etc. para corroborar lo dicho aquí, pudiendo encontrarse historias reales muy dolorosas, así como ejemplos de los atropellos que han recibido (en los países más desarrollados del mundo) quienes han intentado defender su familia y sus valores cristianos.

Pero  también hay abundantes estudios y material para ilustrarnos y orientarnos en nuestra lucha para defender nuestros valores. Es muy grande y valioso lo que tenemos, porque acá no se trata sólo de defender nuestra familia particular, nuestros hijos, que sí tenemos que hacerlo; es algo mucho más grande, se trata de defender y cuidar la Familia como institución social, es probable que nunca antes una generación se haya visto enfrentada a una situación tan crítica, a un enemigo tan sutil como difícil de combatir.

Es nuestro deber capacitarnos, agruparnos, formar equipos, organizaciones que difundan y defiendan a la familia y los valores cristianos. Somos conscientes que es una lucha desigual frente a un enemigo mucho más inteligente, poderoso y astuto que nosotros, que la lucha será larga, pero no podemos desfallecer; el arma más poderosa del maligno es el desánimo. Por eso debemos ser perseverantes, pedirle al Señor que nos de fuerzas y elementos para la lucha y aunque no veamos frutos. ¡Capacitarnos y perseverar! esa es la consigna.

“Fe, esperanza y amor” (1ª Cor) nos dice San Pablo, y eso seguramente nos dará como fruto la alegría, que nunca la perdamos, aún en las situaciones más difíciles. Sabemos que el triunfo está asegurado ya que Jesús nos dijo “que las fuerzas del mal no prevalecerán” (Mt 16,18) así que ¡ánimo! Depende de nosotros saber de qué lado nos vamos a poner, de los que defienden los valores de la familia y luchan por ellos o de los que se quedan pasivos en pecado de omisión, Jesús fue muy claro cuando nos dijo “el que no junta conmigo, desparrama” (Mt 12,30) y llegará el día en el  que  se nos preguntará ¿qué hicimos con los talentos que recibimos?

 

Luis E. Marziotte

(Laico casado y con hijos de la ciudad de Salto)