El nombre de Dios es Misericordia

La gran revelación que hace el Dios judeo-cristiano de sí mismo a los hombres es que Él es Misericordia.

Misericordia es la actitud divina de inclinarse ante lo débil, frágil, limitado, imperfecto, caído para fortalecerlo, perfeccionarlo, levantarlo.

Dios actúa con misericordia de cara al mundo, no sólo después del pecado y del desorden de injusticia, pobreza, dolores y muerte que este provocó, sino desde siempre. El acto creador de Dios es un acto de misericordia y no de justicia, si por el término justicia entendemos el dar al otro lo que le corresponde, pues la creación no merece la existencia, sino que es un don regalo, un inclinarse ante lo débil, imperfecto y no hay nada más débil imperfecto que el no existir, para que exista y tenga vida. Por lo tanto, Dios actúa con misericordia en relación al mundo aunque no hubiese el hombre pecado.

La Misericordia es el atributo nuclear de Dios. Distintos pasajes del Antiguo Testamento dan cuenta de esta característica del ser de Dios de cara al mundo. Dicha revelación alcanza su plenitud en la persona de Jesucristo, en el que se palpa el rostro misericordioso del Padre.

Tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos” (Dt. 5,10);

Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores»” (Mt. 9,13).

 

Los demás atributos divinos deben entenderse a la luz del atributo central de la Misericordia:

 

-Justicia divina: Dios es Justo porque justifica, es decir restaura al ofensor y repara al ofendido. La justicia divina no es premio y castigo, es sobre todo, restaurar, rehabilitar al victimario, al ofensor, para que cambie su conducta y sea mejor persona, al mismo tiempo que busca reparar a la víctima u ofendido.

“¿Acaso deseo yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva?” (Ez. 18,23);

Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado(Lc. 15,32).

 

Bondad divina: Dios es Bueno porque hace valiosa, digna a la creatura. No solo es bueno en sí, sino de cara a la criatura haciéndola buena y digna.

tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo” (Is. 43,4);

Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno” (Mc. 10,18)

                                                           

Sabiduría divina: Dios es Sabio porque ordena y perfecciona todo. Utiliza su inteligencia para crear un mundo que evoluciona de modo ordenado poniendo en la naturaleza de las cosas leyes sabias que tienden a un crecimiento en perfección y complejidad.

Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado” (Sab. 11,24);

Si ustedes tienen que sufrir es para su corrección; porque Dios los trata como a hijos, y ¿hay algún hijo que no sea corregido por su padre?” (Heb. 12,7)

 

Poder divino: Dios es Poderoso porque fortalece lo débil, frágil. No es poderoso para aplastar o humillar con su poder, sino para sostener, socorrer, proteger.

“Padre de huérfanos, defensor de viudas es Dios en su santa morada. Dios da un hogar alos desvalidos, abre a los cautivos la puerta de la dicha” (Sal. 68,6-7);  

“No quebrará la caña quebrada ni apagará la mecha humeante” (Is. 42,3);

“Un samaritano que iba de camino pasao junto a él y se conmovió. Acercándose vendó sus heridas…” (Lc. 10,33-34).

 

Verdad divina: Dios es Verdad porque ilumina y da vida. Su verdad no ciega, no nos da conocer quien es Él o lo que espera de nosotros de golpe para no enceguecernos de tanta luz, tampoco nos nuestra de golpe toda nuestra miseria para que no nos desesperemos. Hay personas que dicen la verdad de modo que no es de Dios sino del maligno, pues no iluminan sino que ciegan y “matan” al otro diciéndoles su verdad. Jesús no mato a nadie por la verdad, al contrario, se dejó matar por la verdad.

“Los juicios del Señor son verdaderos, justos todos ellos” (Sal. 19,10);

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn. 14,6)

 

Santidad divina: Dios es Santo porque santifica al hombre. El hombre pretender hacerse santo por su obrar, sin embargo es Dios el que santifica al hombre, y lo hace no sólo dando su ley sino sobre todo guiando muchas veces a través de circunstancias imprevistas al hombre a una mayor dependencia filial y confiada en su Paternidad.

“un serafín toco mi boca con una brasa ardiente diciendo: como esto ha tocado tu boca, tu culpa se ha retirado, tu pecado está expiado” (Is. 6,6-7);

“Enseña una doctrina nueva y la expone con autoridad, y hasta los espíritus impuros le obedecen” (Mc. 1,24).

  

Grandeza divina: Dios es Grande porque está cerca de todos. Generalmente relacionamos grandeza con lejanía, pensamos en un personaje famoso o grande a los ojos del mundo, y lo sentimos distante, imposible que se acerque a nosotros, nos hable personalmente. Sin embargo, Dios es grande precisamente porque puede estar en todos lados, y acercarse a todos, pues no teme perder su autoridad y dignidad por hacerlo, como un papá que se agacha hacia su hijo pequeño y le habla a su altura.

“Yo soy el que está ahí (contigo)” (Ex. 3,14). Esta es la traducción más exacta del original hebreo del nombre de Dios revelado a Moisés, pues el verbo ser en este idioma tiene una connotación más existencial, dinámica e implicada en lo concreto. Al traducirse al griego y luego al latín, el nombre de Dios quedo como “yo soy el que soy” con un carácter más estático y abstracto.

 

Muchos llevamos años practicando la religión católica pero quizá aún no hemos conocido el corazón de nuestra fe cristiana, acerca de quién es nuestro Dios. La prueba está en que todavía nuestra manera de comprender y vivir la justicia, la verdad, la bondad son muy humanas. La misericordia la entendemos aún como un “parche” en la pastoral para ciertos casos en que la ley que no se puede aplicar como correspondería. Consideramos a la doctrina en primer lugar, de la cual se deriva una pastoral y de la cual se desprende la pastoral, y por debajo la misericordia, como una solución de compromiso, como una excepción a la regla de lo más perfecto, cuando no se puede aplicar a raja tabla la doctrina.

Por lo que hemos dicho, aquí acerca de la Misericordia, el orden de los factores es al revés. En primer lugar y por encima de todo esta la Misericordia como principio iluminador e inspirador de la manera de comprender la doctrina cristiana, y por debajo de esta doctrina está la pastoral.