¿Cómo puede Dios ser a la vez justo y misericordioso?

El Papa Francisco quiso regalar a la Iglesia un jubileo extraordinario dedicado a la Misericordia divina. Ello nos invita a reflexionar sobre este atributo de Dios para captar en toda su profundidad el valor que encierra para nuestra espiritualidad cristiana.

El nombre de Dios revelado a Moisés en la zarza ardiente del Sinaí (Ex. 3,14) es “Yo soy el que está ahí”. Así suena la traducción más fiel del original hebreo. Luego, este pasaje fue traducido en la Biblia griega como “Yo soy el que soy”. Ahora bien, esta versión griega del texto marca una diferencia notoria de significado respecto al original. El “Yo Soy” hebreo no se refiere a un ser divino estático sino dinámico, no describe al ser que existe por sí, sino a Alguien que “está ahí” y, más específicamente, que está ahí con su Pueblo y para él.

Es importante, recuperar esta concepción del Dios bíblico que está cerca su Pueblo, que escucha su clamor y lo salva (Ex. 3,7), porque la tradición teológica de la Iglesia, al utilizar la versión latina de la Biblia griega, ha acentuado una interpretación filosófica de Ex. 3,14, es decir, un Dios que causa suprema de todo lo que existe, cuyos atributos podían ser conocidos e explicados desde la filosofía griega como inmutable, supremo poder, bondad, sabiduría y justicia.

En este marco de acercamiento al misterio de Dios, el atributo divino de la misericordia no encontró el lugar que le correspondía, era un atributo subordinado de los demás. Entonces, había que dar rebuscados argumentos para explicar que si bien Dios era justo, también era misericordioso, y el común de la gente no podía conciliar ambas cosas, o pensaba que Dios es misericordioso porque pasa por alto su justicia, como si la misericordia fuera un indulto de la implacable justicia divina. Sin embargo, según el testimonio de toda la Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, la Misericordia es el atributo de Dios que ocupa el primer lugar en la autorrevelación de Dios en la historia de la salvación. De ahí que no pueda ser considerado como un atributo más ni, menos aún, quedar subordinado a los atributos que derivan de una interpretación filosófica de la esencia divina.

El cardenal Kasper en su libro “La misericordia”, define la misericordia como “el lado visible y operativo hacia el mundo de la esencia de Dios, quien es amor… Así, pues la misericordia debe ser tenida por el principal atributo de Dios… organizador de los demás atributos, de modo tal que estos se agrupen a su alrededor y se interpreten con su luz”.

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Considerar a la misericordia como principal atributo de Dios tiene consecuencias para la determinación de la relación de la misericordia con la justicia y la omnipotencia divinas. Si se trata del principal atributo de Dios, la misericordia no puede ser un caso de la justicia divina; antes al contrario, la justicia divina ha de entenderse desde la misericordia divina.

¿Cómo puede ser Dios a la vez misericordioso y justo?

Es una pregunta que ya se hacía San Anselmo en el siglo XI. La respuesta que da el santo, inspirado en la Palabra de Dios, es que Dios en su misericordia, no responde a nuestras obras, sino únicamente a sí mismo y a su bondad. La justicia de Dios no dice relación a nuestras obras, sino al propio ser de Dios y su bondad. Su misericordia es la justicia característica de Él. Santo Tomás de Aquino decía que la Misericordia era la raíz originaria y la realidad primordial a la que hay que referir todo lo demás.

Estos santos medievales, aportaron importantes correcciones al pensamiento unilateralmente filosófico de la esencia divina que despejó el camino para superar una concepción punitiva de la justicia de Dios.

Por P.Walter Torresi cpcr

Fuente: Kasper, Walter, La misericordia, clave del Evangelio y de la vida cristiana, Sal Terrae, Santander, 2012, 92.



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Cf. Kasper, Walter, La misericordia, clave del Evangelio y de la vida cristiana, Sal Terrae, Santander, 2012, 92.